Comentarios a las lecturas de la Misa diaria.

domingo, 16 de agosto de 2015

Domingo XX del tiempo ordinario, ciclo B.

1ª lectura: Proverbios 9,1-6; Salmo 34(33),2-3.10-11.12-13.14-15; 2ª lectura: Efesios 5,15-20; Evangelio según San Juan 6,51-58.

Queridos/as hermanos/as:

¡Qué bueno es Dios! que, en Jesús, se nos ofrece como Pan que da la Vida Eterna.

Continuamos avanzando en el discurso sobre el Pan de Vida, que nos ofrece el Evangelio de San Juan en su capítulo seis, luego de la multiplicación de los panes. Recordemos que es en este capítulo en el que San Juan nos hace reflexionar sobre la Eucaristía, ya que, en la Última Cena nos presenta la escena del lavatorio de los pies, dejando a la Eucaristía íntimamente unida al servicio.

Recordemos que luego de la multiplicación de los panes la gente estaba maravillada, aunque también confundida, ya que, buscaron hacer rey a Jesús por la fuerza. Jesús se había retirado solo a rezar luego de enviar a sus discípulos a cruzar el lago. En el medio de la noche, en el medio de la tormenta, Jesús los alcanza, caminando por las aguas. Al desembarcar la gente lo busca, y Jesús los enfrenta a la realidad de que lo siguen no por los signos que hacen sino por haberles dado de comer hasta la saciedad, lo que origina una discusión con estas personas.

Metafóricamente hablando, la multiplicación de los panes se nos presenta como una escena radiante de sol, con un Jesús aclamado por el pueblo, Hace dos domingo se avizoraban nubarrones, a partir de la corrección que Jesús hace a la gente. El domingo pasado se comenzaron a oír truenos, en la murmuración de la gente contra Jesús. Hoy vamos a contemplar como se desata la tormenta.

Si bien ya se habían sentido murmuraciones, mientras Jesús hablaba del pan, no generaba tanto rechazo como el que va a generar con el siguiente discurso. La imagen del pan puede tomarse en forma metafórica. Pero hoy Jesús habla de carne y sangre, y utiliza verbos muy explícitos que hieren la sensibilidad de los judíos que lo escuchaban, y tanto los va a escandalizar que los escucharemos decir el próximo domingo: "¡estas palabras son muy duras!" ¿quién las puede aceptar?" 

Quienes hemos recibido el don de la fe en Jesús, sabemos que se está refiriendo a la Eucaristía, y por debajo, al hecho que conmemora: la entrega de amor de Jesús en la Cruz. Es en la Cruz donde la carne de Jesús es despedazada, y su sangre derramada por amor a nosotros. Para que nosotros -que no estuvimos presentes en su Pasión- pudiésemos beneficiarnos de ese amor, con los Apóstoles fundó la Iglesia, y en ella dejó estos gestos y palabras (que son los que Él hizo) que llamamos sacramentos, en especial la Eucaristía, donde comemos su Carne y bebemos su Sangre. Éste es el Pan de la Sabiduría del que nos hablaba el Libro de los Proverbios. Es el Pan que nos llena del Espíritu Santo como dice San Pablo. Es el Pan que nos hace gustar cuán bueno es el Señor, como nos invita a cantar el salmo.

A este Dios que es tan bueno, vamos a pedirle que nos ayude a crecer en amor hacia la Eucaristía; y a María, nuestra Madre, que nos ayuda, que  nos guíe para elegir siempre el Pan de Vida que es su Hijo, y nos ayude a evitar buscarlo en otros panes, porque solo su Hijo es capaz de hacernos plenamente felices.