Comentarios a las lecturas de la Misa diaria.

martes, 13 de mayo de 2014

Homilía de mi primera Misa.

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 11,1-18; Evangelio: Juan 10,11-18.

Queridos/as hermanos/as:
¡Qué bueno es Dios!, que nos ama tanto y nos acepta tal como somos. ¡Qué bueno es Dios!, que nos llama a todos y nos encarga una misión. ¡Qué bueno es Dios!, que por amor es capaz de regalarle a un hombre simple como yo la posibilidad de actuar como sacerdote en la persona de su Hijo.

Como Jesús dijo: “He deseado ardientemente celebrar esta Pascua con ustedes”. Parece que fue ayer cuando recorría el colegio de túnica blanca junto a mis alumnos/as. Parecía tan lejos el día en que vistiese esta otra túnica blanca. En aquel momento, yo enseñaba como maestro. Hoy, yo enseño al Maestro, es decir, intento que los demás se acerquen al verdadero Maestro, el único capaz de sanarnos y salvarnos.

La imagen de maestro para mí fue traducción de la imagen de pastor de la época de Jesús. En aquel tiempo, el pastor cuidaba a las ovejas, las conocía una por una, iba delante o detrás del rebaño según el territorio. Hoy cuando uno dice pastor, alguno piensa en un alambrado con electricidad. Creo que la imagen de maestro nos ayuda a entender la del pastor que utilizó Jesús. 

El maestro está llamado a dar la vida por sus alumnos/as, a conocerlos/as por su nombre, a saber la realidad que viven, detectar los peligros que acechan a cada uno/a, busca que lo que enseña sea como pastura tierna, fácil de digerir. Pero también el maestro puede actuar sólo como un asalariado, alguien que cumple el horario y cobra el sueldo, como el pastor asalariado de la parábola, que sólo se preocupa de sí, y es capaz de abandonar a las ovejas ante el peligro.

Jesús es el Buen Pastor: es el buen Maestro. Él dio su vida por nosotros, nos conoce a cada uno, y con infinito amor y paciencia nos va enseñando durante el camino de la vida.
Este Buen Maestro llamó a este maestro que les habla, a dejar aquella túnica y tomar esta otra, a dejar de ser yo maestro para anunciarlo a Él, Buen Maestro.

Al principio fue muy difícil dejar esta comunidad, este colegio que amo tanto. Pero sentí que decirle no a su llamado era negarme a mí mismo. Él se encargó de darme las fuerzas necesarias para seguir adelante, y llegar a ser hoy su sacerdote. 

En el camino, me fue hablando al corazón; me fue presentando nuevos hermanos, fue agrandando mi corazón, y fue haciéndome descubrir que lo que más importa para ser su sacerdote no son mis capacidades, sino, el dejarlo actuar a Él a través de mí.
También me enseñó que sólo no puedo llegar “ni a la esquina”, que necesito de su ayuda constante, pero también de la ayuda de mis hermanos/as, que me sostienen con su oración, su consejo y cariño. A Él, y a ustedes, les estoy muy agradecido por aceptarme tal como soy, con mis defectos y virtudes.

Le pido que me regale ser fiel a la vocación que me regaló, y que nos regale a todos su cercanía y el sentirnos muy amados por Él. A María, Nuestra Señora de los pobres, le pido que me ayude a estar siempre cerca de su Hijo, y que a todos nos proteja como Madre; que nos ayude a creer y confiar más en Aquél que es el Buen Maestro, el Buen Pastor.