Comentarios a las lecturas de la Misa diaria.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Domingo XXXIII durante el año, ciclo A.

1ª lectura: Proverbios 31,10-13.19-20.30-31; Salmo 128(127),1-2.3.4-5; Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 5,1-6; Evangelio según San Mateo 25,14-30.

Queridos/as hermanos/as:

¡Qué bueno es Dios!, que es fiel, y nos invita a participar de su gozo. 

Estamos terminando el año litúrgico. En un par de semanas comenzaremos el adviento, y los textos que leemos toman un matiz escatológico, es decir, nos ayudan a elevar la mirada hacia el final de los tiempos, y por eso, San Pablo nos exhorta a ser fieles, a mantenernos firmes en la fe, como si la Segunda Venida del Señor fuese inminente. Es una invitación a no dejar que la rutina enfríe nuestra fe, y a no negociar con el mal espíritu y la oscuridad haciendo, como dice San Pablo, obras de las tinieblas. Somos hijos de la Luz.

Somos hijos de la Luz. ¡Qué lindo es meditar esta frase!, sobre todo, cuando tan a menudo utilizamos otras frases con la expresión "hijos de...", tanto para insultar, así como para dialogar informalmente. Cuántas veces nos dicen frases que atentan contra nuestra dignidad: "sos un inútil", "no servís para nada", "sos un amargado", etc.; todo esto es mentira: nuestra verdadera identidad es que somos hijos de la Luz. Y si no, recuerden cuando en el bautismo nuestro padrino encendió su vela en el Cirio Pascual, para indicar que por el bautismo recibimos la Vida y Luz de Jesús. Somos hijos de la Luz.

No hemos hecho nada para merecer esto; es un regalo gratuito de Dios, pero también es una tarea. Esto es lo que nos enseña Jesús con la parábola de los talentos. Nuestros talentos no son de nuestra propiedad, son sus bienes que nos son confiados gratuitamente, pero no para retenerlos egoístamente, no para encerrarlos y enterrarlos para nuestro provecho. Son dones que nos confió para servir a nuestros/as hermanos/as, para ser felices, haciendo a los demás felices en plena unión con Dios y los hermanos.

A este Dios que nos ama tanto, vamos a pedirle que nos ayude a ser generosos, poniendo los talentos que nos regaló al servicio de los demás; y a María, Madre de la Luz, que nos ayude a ser fieles, viviendo de acuerdo a lo que somos: hijos de la Luz.

sábado, 28 de octubre de 2017

Domingo XXX del tiempo Ordinario, ciclo A.

1ª lectura: Éxodo 22,20-26; Salmo 18(17),2-3a.3bc-4.47.51a-51b; 2ª lectura: Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 1,5c-10; Evangelio según San Mateo 22,34-40.

Queridos/as hermanos/as:

¡Qué bueno es Dios!, que nos creó por amor para amar y ser felices, en comunión con Él y nuestros/as hermanos/as.
Una vez más los fariseos se acercan para hacer preguntas a Jesús, no para saber más, sino para tenderle trampas.

Hoy la pregunta es por el mandamiento más importante, y le da la oportunidad a Jesús de enseñar una vez más el mandamiento del amor; en él se cumple toda la ley; él es la regla fundamental del cristiano. Porque como hemos dicho varias veces, nuestra identidad más real es la de seres profundamente amados por Dios, con un amor que no sabe vivir sino comunicándose; no resiste ser encerrado en nosotros de forma egoísta, porque como dice San Juan, quien dice amar a Dios y no ama a sus hermanos es un mentiroso.

Pero sabemos que amar de esta manera es exigente, y no siempre fácil, sobre todo cuando alguien nos hiere y traiciona. Por esto, el salmista nos recuerda que Dios es nuestra Roca, nuestra Fortaleza, Alguien que nos sostiene con su amor fiel, que a pesar de que nosotros fallemos, Él no falla; su amor nos libera.

A este Dios tan bueno, vamos a pedirle que nos regale experimentar su amor, y a María, nuestra Madre que nos ayuda, que nos guíe para cimentar nuestra vida en su Hijo Jesús, para que aprendamos a decir: "Yo te amo, Señor, mi Fortaleza".

sábado, 21 de octubre de 2017

Domingo XXIX durante el año, ciclo A.

1ª lectura: Libro de Isaías 45,1.4-6; Salmo 96(95),1.3.4-5.7-8.9-10a.10c; 2ª lectura: Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 1,1-5b; Evangelio según San Mateo 22,15-21.

Queridos/as hermanos/as:
¡Qué bueno es Dios!, que nos ama y nos llama, tal como somos, a ser misioneros/as de su amor.

Celebramos hoy el Domingo Mundial de las Misiones, y es una buena oportunidad para reflexionar sobre nuestra vocación misionera.

¡Qué lindo es leer en la profecía de Isaías “Yo te llamé por tu nombre”! Si bien Dios llama a toda la humanidad a una existencia en el amor, este llamado es personalizado, es decir, no llama a una masa de individuos; llama a cada uno/a, con sus defectos y virtudes, por su nombre, como hijos/as amados/as que somos de Él.

¿A qué nos llama? A ser misioneros/as de su Amor, un amor hasta el extremo, un amor que “se la juega”, como vemos en el texto del Evangelio que meditamos hoy.

En este texto encontramos una vez más a los fariseos y sus secuaces tratando de atrapar a Jesús. Su forma de actuar es extremadamente hipócrita. Se acercan a Jesús halagándolo, diciéndolo todo lo bueno que es, tratando de hacerlo entrar en su juego. Jesús, descubriendo su malicia, no se deja enredar en ese mar de palabras azucaradas, sino que va al meollo, denunciando su hipocresía y la trampa que le estaban tendiendo. ¿Cuál es la trampa?: la pregunta que le hacen, es decir: ¿es lícito pagar los impuestos al César o no? Cualquier respuesta por sí o por no dejaba a Jesús en problemas. Si Jesús contestaba que sí, sería acusado de traidor a la causa judía, y de idólatra, al permitir que se “rindiera culto” al César al validar el pago de impuestos con monedas que llevaban su figura. Si contestaba que no, sería acusado de subversivo, de traidor a la causa del Imperio Romano, falta que sería castigada con la muerte; es como un callejón sin salida. Sin embargo, la respuesta de Jesús los pone en un aprieto. Parece simple, pero tiene unas connotaciones muy profundas: “al César lo que es del César; a Dios lo que es de Dios”. Pero, ¿qué es de Dios? La respuesta, una vez más, parece simple pero tiene connotaciones fundamentales: todo es de Dios y, en especial, nuestra vida es de Dios. Por eso, creo que esta respuesta tiene connotaciones que nos permiten reflexionar sobre nuestra relación con Dios, y las “idolatrías” que nos alejan de Él. Por ejemplo: todos tenemos una opción política, o nos sentimos simpatizantes de algún equipo de fútbol; esto es normal, pero estar dispuestos/as a dar la vida por un partido político o un cuadro de fútbol, es otra cosa. Recordemos que sólo Dios no nos falla ni nos falta, en cambio los políticos… Es válido dar la vida por aquello que nos construye como persona, o mejor, por Aquél que quiere que seamos realmente felices; es válido dar la vida por la salvación de nuestros/as hermanos/as, es decir, por su plena felicidad en comunión con Dios y nuestros/as hermanos/as.

A quienes son conscientes de este regalo de amor que es la fe, San Pablo dirige su felicitación, “por haber manifestado su fe con obras, su amor con fatigas y su esperanza en nuestro Señor Jesucristo con una firme constancia”; por ser amados por Dios, que ustedes y elegidos/as a ser misioneros/as de su amor, porque éste no sabe vivir sino comunicándose, no resiste ser encerrado de forma egoísta. Por esto el salmista nos invita a anunciar “su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos. Porque el Señor es grande y muy digno de alabanza”.

 A este Dios que es tan bueno vamos a pedirle que nos ayude a seguir tomando conciencia de su amor; y a María, nuestra Madre que nos ayuda, ella que fue la primera misionera, que nos regale el coraje necesario para ser misioneros/as de este amor que sana, salva y nos hace realmente felices.

domingo, 15 de octubre de 2017

Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario Ciclo A.

1ª lectura: Isaías 25,6-10a; Salmo 23(22),1-6; Filipenses 4,12-14.19-20; Evangelio según San Mateo 22,1-14. 

¡Qué bueno es Dios!, que nos ama gratuitamente e invita a todos a la comunión en el Banquete de Bodas del Reino.

Recordemos una vez más lo que hemos dicho en cuanto a las diferencias entre una alegoría y una parábola: en la alegoría cada elemento tiene un significado que aporta al sentido del mensaje que se quiere trasmitir; esto no es así en la parábola, donde lo que importa es el mensaje y no los elementos que la integran. Digo esto para no asustarnos con algunas expresiones muy duras que aparecen en el relato.

¿Cuál es, entonces, el mensaje que quiere trasmitir Jesús en esta parábola? 

Jesús denuncia, una vez más, cómo el Pueblo Elegido de Israel se niega a reconocerlo como su Salvador; eligen apegarse ciegamente a la Ley y a las múltiples prescripciones que se habían inventado, dejando de lado la vivencia del amor, y la atenta escucha de la Palabra de Dios. Aún viendo a Jesús hacer cosas que sólo el Enviado del Padre puede hacer, aún así, persisten en su rechazo. Por eso, se autoexcluyen del Banquete de Bodas, y éste es ofrecido a quienes se encuentran en los cruces de camino. Aquí es importante resaltar que todos son invitados, "buenos y malos", es una invitación gratuita, pero que respeta la libertad personal. Sin embargo, para formar parte del Banquete se requiere estar en comunión. Creo que a esto se refiere la expulsión del que no traía traje de fiesta; es alguien que no está en comunión con lo que se celebra, y por esto, se autoexcluye.

Pero a quienes aceptan la invitación, como nos dice Isaías, Dios ofrece "un banquete de manjares suculentos, de vinos añejados, decantados"; porque Él "Destruirá la Muerte para siempre; el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo". Ésta es la manera como en la Biblia se habla varias veces de la salvación que Dios nos ofrece, una fiesta en la que seremos plenamente felices en comunión con Él y nuestros hermanos.

Por este motivo, con mucha razón el salmista dice que nuestro Dios es nuestro "pastor... que nos hace descansar en verdes praderas, nos conduce a aguas tranquilas, repara nuestras fuerzas, y nos guía por el camino recto, por amor a su nombre... Su bondad y su gracia nos acompañan a lo largo de nuestras vidas". Es que, como dice San Pablo, sólo Él puede "colmar con magnificencia todas nuestras necesidades".

A este Dios que es tan bueno, vamos a pedirle que nos ayude a reconocer que sólo Él puede hacernos sentir realmente plenos; y a María, nuestra Madre que nos ayuda, que nos regale sentir su ternura que nos preserve de buscar nuestra satisfacción fuera de Dios, para que al final habitemos en la casa del Señor por años sin término.

domingo, 8 de octubre de 2017

Domingo XXVII durante el año, ciclo A.

1ª lectura: Isaías 5,1-7; Salmo 80 (79),9.12.13-14.15-16.19-20; 2ª lectura: Filipenses 4,6-9; Evangelio según San Mateo 21,33-46.

Queridos/as hermanos/as:
¡Qué bueno es Dios!, que nos amó tanto, que envió a su único Hijo para salvarnos por ser fiel al Proyecto de amor del Padre hasta la muerte, y muerte de Cruz.

¿Cuál es ése proyecto? La profecía de Isaías nos lo muestra con la imagen de la viña, que el dueño del campo sembró, regó y cuidó con tanto cariño. Él nos creó por amor para amar y ser felices; ésta era la buena viña que Él plantó. Pero, como hemos dicho varias veces, nuestros primeros antepasados rompieron su relación con Dios, y por eso, “produjeron frutos amargos” en vez de uvas.

Jesús retoma esta imagen de la viña, y la utiliza para denunciar la actitud de las autoridades religiosas, que debían ayudar a llevar al pueblo a Dios, y en vez de eso, rechazó a los enviados de Dios, y hasta llegó a asesinar profetas. Y prosigue anunciando lo que le sucederá a Él mismo: “Por último envió a su hijo, pensando: "A mi hijo lo respetarán". Pero los trabajadores, al ver al hijo, se dijeron: "Ese es el heredero. Lo matamos y así nos quedamos con su herencia". Lo tomaron, pues, lo echaron fuera de la viña y lo mataron”.  Y así, al Hijo lo tomaron, lo sacaron fuera de Jerusalén, y lo mataron colgándolo de la Cruz. Pero gracias a esta fidelidad de Jesús hasta el extremo, nos reconcilió con Dios, y sanó todas nuestras heridas, convirtiéndonos en el pueblo de su heredad, en la nueva viña del Señor. Por esto Jesús se convierte en la piedra angular que los constructores desecharon. Tenemos dos explicaciones de la función de la piedra angular, ambas válidas para representar a Jesús. En primer lugar se deriva de la primera piedra en la construcción de una base de una cimentación de albañilería, importante, ya que todas las otras piedras se establecerán en referencia a esta piedra, lo que determina la posición de toda la estructura. En segundo lugar, podría referirse a la piedra "clave", que es la del medio más alto de un arco, que con su peso y posición sostiene el arco y el techo. En cualquiera de los dos casos, esta piedra es fundamental, tanto como base así como sostén de la estructura. Jesús, "desechado" por las autoridades de los judíos terminó siendo el Principio y Fin de todas las cosas; quién nos dio la vida y por Quien recibimos el acceso a la Resurrección. Al rechazar a Jesús se cumplió lo que Él anunció a los fariseos y otras autoridades de los judíos: "el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos" . El nuevo Pueblo de Dios está ahora formado por una multitud venida de los cuatro puntos cardinales, y quienes habían sido elegidos, decidieron autoexcluirse del Reino inaugurado por Jesús. Pero la dureza de corazón y entendimiento de fariseos y demás autoridades los llevaron a empezar a conspirar contra Jesús, para llevarlo a la muerte.

A nosotros, la fidelidad y el amor de Dios nos sostiene, de manera que podemos decir con San Pablo: "No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. 
Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús"; porque la última palabra no la tiene el mal y la muerte, la última palabra la tiene el amor y la vida gracias a la Cruz y Resurrección de Jesús.



A este Dios que nos ama tanto, vamos a pedirle que habite en nosotros su Espíritu, que custodie nuestros corazones y pensamientos, y nos llene con su paz. Y a María, nuestra Madre que nos ayuda, que nos regale sentir su ternura de Madre, y así, como dice San Pablo, que podamos poner en práctica lo que hemos aprendido y recibido, para que la paz de Dios habite en nosotros.

domingo, 1 de octubre de 2017

Domingo XXVI durante el año, ciclo A

1ª lectura: Ezequiel 18,24-28; Salmo 25(24),4-5.6-7.8-9; 2ª lectura: Filipenses 2,1-11; Evangelio según San Mateo 21,28-32. 

Queridos/as hermanos/as:
¡Qué bueno es Dios!, que nos ama y acepta tal como somosSiento que éste es el mensaje principal del Evangelio que leemos hoy.

Para comprenderlo mejor, situémonos en el contexto. Jesús está hablando con las autoridades de los judíos, con los fariseos y maestros de la ley. Estas personas aparecen en el evangelio discutiendo a cada paso con Jesús, porque a pesar de verlo predicando y haciendo milagros, no lo aceptan como el Enviado por Dios. Estas discusiones “van subiendo de tono”, como en el texto que meditamos hoy.

Repasemos la parábola: un hombre tenía dos hijos a los que pide que vayan a trabajar a su viña. El primero dice no quiero, pero luego va; el segundo dice voy, pero no va. Jesús pregunta quién de ellos habrá cumplido la voluntad del padre. Ellos responden sin dudarlo: el primero; pero con esto entraron en un callejón sin salida. Jesús compara al primer hijo –el que dijo que no, pero después fue- con los publicanos y las prostitutas: éstos, con su vida de pecado dijeron no al Dios predicado por las autoridades, pero aceptan a Jesús y se convierten en sus discípulos; por consiguiente, las autoridades representan a los que dijeron voy, y no fueron: ellos vivieron toda la vida de acuerdo a la ley de Moisés, pero cuando llegó el Enviado de Dios, no lo aceptaron. Lo importante es cumplir la voluntad del Padre, que en San Juan es conocer y creer en Jesús; en Marcos, en seguir a Jesús como discípulos. Son, entonces, los publicanos y prostitutas que aceptaron a Jesús los que cumplen la Voluntad del Padre. Por esto Jesús les dice que los precederán en el Reino de Dios. 

Esto debe haber sido percibido por las autoridades como algo escandaloso, casi como un insulto, pero afirmaciones como éstas son las que hicieron que las autoridades empezaran a conspirar contra Jesús. Es interesante notar que Jesús no dice que estas autoridades serán excluidas del Reino, sino que publicanos y prostitutas entrarán antes que ellos. Jesús no los excluye; son ellos los que deciden autoexcluirse.

Este texto nos deja varias enseñanzas. Por un lado, que Jesús nos ama y acepta tal como somos, con nuestros defectos y virtudes, y aunque seamos muy pecadores, Él nos hace merecedores del Reino. Por otro lado, el ser amados de esta manera es una invitación a amar de la misma forma, como dice San Pablo: “tengan los mismos sentimientos de Cristo”, que siendo rico se hizo pobre para salvarnos, y por su muerte y resurrección reconcilió todas las cosas consigo. Él ya nos ha enseñado: “no juzguen y no serán juzgados, porque la misma medida que usen para medir será usada con ustedes”; porque como dice Isaías ni nuestros pensamientos ni nuestros caminos son los de Dios; los suyos nos superan como el cielo supera a la tierra; y como dice Eclesiastés: “se ven caras y no corazones”, es decir, juzgamos en base a lo que vemos, pero no conocemos las intenciones que hay detrás de cada hecho, o dicho de otra forma, no tenemos todos los elementos para juzgar; Dios sí los tiene.

Además, el salmista nos recuerda que su amor y compasión son eternos; porque Él es fiel, bondadoso y recto; Él muestra el camino a los extraviados y guía a los humildes; enseña su camino a los pobres, porque es nuestro Dios y Salvador.

A este Dios que es tan bueno, le pedimos que nos muestre sus caminos, que nos guíe por las sendas de la fidelidad. Y a María, nuestra Madre que nos ayuda, que nos proteja para no errar el camino, y si nos caemos, para que nos ayude a levantarnos.  

domingo, 24 de septiembre de 2017

Domingo XXV durante el año, ciclo A.

1ª lectura: Isaías 55,6-9; Salmo 145(144),2-3.8-9.17-18; Filipenses 1,20b-26; Evangelio según San Mateo 19,30.20,1-16.

Queridos/as hermanos/as:
¡Qué bueno es Dios!, que nos ama gratuitamente, que respeta nuestros tiempos, y con infinita paciencia nos espera hasta el último momento.

Hace casi dos meses compartí con ustedes la diferencia que existe entre una parábola y una alegoría. Comprender esta diferencia nos ayuda a acercarnos al mensaje que Jesús quiso trasmitir. Recordemos: En una alegoría, cada elemento que la integra tiene un significado propio que viene a hacer su aporte al concepto general que se quiere trasmitir. Al leer una parábola, en cambio, debemos centrarnos en el mensaje que quiere trasmitir, y no dejarnos distraer por los elementos "escenográficos" que envuelven el mensaje.

Si leemos el evangelio de hoy en clave de alegoría, nos enojamos al ver cómo se le paga lo mismo al que trabajó una hora que al que trabajó todo el día. Vemos esta situación como claramente injusta, y al propietario de la viña como a alguien que actúa según su capricho. Pero Jesús no nos propone la alegoría de los trabajadores, sino, una parábola.

Entonces debemos preguntarnos: ¿qué pretende enseñar Jesús con esta parábola? ¿Acaso Jesús quiere hablarnos de la justicia laboral?; ¿acaso quiere denunciar a los patrones caprichosos? La respuesta la encontramos al comienzo del texto: "el Reino de los Cielos se parece..." El mensaje que quiere trasmitir Jesús es sobre el Reino de los Cielos, es decir, en sencillo, sobre el proyecto de amor que el Padre tiene para que seamos plenamente felices en comunión con Él y nuestros/as hermanos/as. Y, ¿cuál es este mensaje? 

Creo que Jesús nos quiere hablar del amor gratuito de Dios, que nos acepta tal como somos, y nos espera con paciencia infinita hasta nuestro último momento. Entonces, "la paga" para un cristiano de toda la vida, como a alguien que se abre a la fe en el último segundo de su vida, es la misma: el Reino de los Cielos, el proyecto de amor del Padre.

Si esto nos parece injusto, es porque como dice el profeta Isaías: "los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes.". Porque como dice el salmista: "El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones", no como nosotros, que somos frágiles, que muchas veces nos equivocamos, que muchas veces no sabemos ver con los ojos de Dios. 

Son muchas, entonces, las razones que tenemos para decir ¡qué bueno es Dios!
A este Dios que es cariñoso con todas sus creaturas, le vamos a pedir que nos ayude a seguir tomando conciencia de su gran amor por nosotros; y a María, nuestra Madre que nos ayuda, le vamos a pedir que interceda para que nos dejemos guiar como ella por el Espíritu, de modo que vivamos de tal manera, que como dice San Pablo, que Cristo sea glorificado por nuestras acciones.