Comentarios a las lecturas de la Misa diaria.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Domingo IV de Adviento Ciclo B.

1ª lectura: Segundo Libro de Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16; Salmo 89(88),2-3.4-5.27.29; 2ª lectura: Romanos 16,25-27; Evangelio según San Lucas 1,26-38.

Queridos/as hermanos/as:
¡Qué bueno es Dios!, que es fiel a sus promesas, y en Jesús viene a salvarnos.


Celebramos el cuarto domingo de Adviento. Estamos terminando este camino de preparación a la Navidad; un camino que comenzó con la llamada a estar prevenidos y atentos (domingo 1º), a preparar el camino y el corazón para la llegada del Señor (domingo 2º), a estar alegres en el Señor que porque cumple sus promesas (domingo 3º), y que en este cuarto domingo nos invita a decir como María: "hágase en mí según su Palabra".

¡Qué bueno es Dios!, que como vimos en la primera lectura, no quiere un edificio para habitar, sino que prefiere habitar nuestro corazón, nuestro ser. Y esto no es una frase bonita sacada de una estampita; recordemos que por el Bautismo fuimos hechos templos del Espíritu Santo.

¡Qué bueno es Dios!, cuya misericordia es eterna, como nos dice el salmista. Él nos tiene una paciencia infinita, nos ama como Padre, y nos sostiene como la Roca al edificio, como cimiento estable donde podemos apoyar nuestra vida.

¡Qué bueno es Dios!, que, como nos dice San Pablo, nos reveló su misterio de amor, oculto desde los inicios de la historia y, como dice Jesús, lo ha mantenido oculto a los sabios y poderosos, y lo manifestó a los humildes.

¡Qué bueno es Dios!, que siempre elige actuar en lo sencillo, en lo humilde, en lo pobre, en lo débil, y por eso eligió a María, una humilde muchacha de un pueblito sin mucha importancia llamado Nazareth; una perfecta representante de lo que en la Biblia es el "Resto fiel"; alguien capaz de ofrecer su más absoluta disponibilidad a la acción del Espíritu, y con su "hágase", permitió que Dios, en Jesús, se hiciera uno de nosotros, y así nos sanara y salvara.

Estamos a días de celebrar la Navidad. Estamos invitados a centrar nuestra atención en el pesebre y no dejarnos distraer por el consumismo. Estamos invitados a sacar de nuestro corazón todo lo que ocupa un lugar que no le corresponde, y hacerle lugar a nuestro Salvador, para que el "hágase" de María se cumpla en nosotros.

A este Dios tan bueno, vamos a darle gracias por regalarnos tanto amor y a pedirle que nos ayude a ser cada vez más conscientes de ello; y a María, nuestra Madre que nos ayuda, que con su disponibilidad permitió que naciera nuestro Salvador, vamos a pedirle que nos ayude a preparar nuestro corazón, y a crecer en disponibilidad para que podamos llegar a decir, como ella, "hágase en mí según su Palabra". 

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