Comentarios a las lecturas de la Misa diaria.

martes, 6 de enero de 2015

Epifanía del Señor.

1ª lectura: Isaías 60,1-6; Salmo 72(71),1-2.7-8.10-13; Efesios 3,2-3a.5-6; Evangelio según San Mateo 2,1-12.

Queridos/as hermanos/as:
¡Qué bueno es Dios!, que en Jesús se nos manifestó, revelándonos su inmenso amor por nosotros.

Celebramos hoy la solemnidad de la Epifanía del Señor, es decir, cuando los magos de Oriente se encontraron con la Sagrada Familia en el pesebre. Leímos en el Evangelio las peripecias de estos hombres buscadores de una Luz que sólo el Salvador anunciado desde antiguo podía traer. Para llegar hasta Él debieron dejar todo, y embarcarse en un largo viaje, asumiendo muchos riesgos, no sólo de la naturaleza, sino también del poder político, al enfrentarse a un inescrupuloso como Herodes, y debiendo buscar la manera de evitar un nuevo encuentro con él. Estos hombres, que habían hecho frente al poder humano, un poder que pasa y que era usado para oprimir a los hermanos, no dudaron en seguir su búsqueda de un Poder que no pasa, un Poder que libera y salva; un Poder que no se manifiesta con ejércitos ni riquezas, sino en la debilidad de un bebé acostado en un humilde pesebre. Él es la Riqueza, y nuestros regalos no son nada frente a la Luz y Amor que Él nos regala.

Este hecho ya había sido profetizado siglos antes por Isaías, utilizando un imagen por demás hermosa: "¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti!
Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti.  Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora.  Mira a tu alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti..."
Al celebrar juntos la Epifanía, hoy también se cumple para nosotros
esta Palabra. Tantas veces nos dejamos ganar por las preocupaciones, los problemas las malas noticias, tantas veces miramos la realidad con ojos pesimistas; todo parece envuelto en oscuridad. Hoy, en Jesús, la Luz lo invade todo, y alcanza nuestros rincones más oscuros. Hoy, su Luz nos sana y salva. Porque este Niño es Aquél del que dice el salmista:
"Él librará al pobre que suplica y al humilde que está desamparado. Tendrá compasión del débil y del pobre, y salvará la vida de los indigentes". Él viene en ayuda de nuestra debilidad y pobreza. Él hace maravillas con lo poco que le damos.

Quisiera invitarles a pensar: ¿qué ofrenda puedo hacerle al Señor en este año que acabamos de comenzar?; y, ¿qué situaciones necesito que este Niño sane con su Luz?

A este Dios que es tan bueno, vamos a pedirle que ilumine todos los rincones de nuestra vida, y llene todas las vivencias de este año con su Luz y su Amor. Y a María, nuestra Madre que nos ayuda, que supo guardar todas estas vivencias en su corazón, le vamos a pedir que nos ayude a hacer lo mismo, a conservar la Luz de la Navidad en nuestro corazón, para que podamos después ser misioneros de esa Luz para aquellos/as hermanos/as que más lo necesitan.